Nuevo contexto estratégico 2026.
Latinoamérica 2026: crecer en un mundo que se enfría
Por Ian Wilson, Coach Hero®
En 2026, las grandes y medianas empresas de América Latina operan en un entorno global mucho más desafiante que en años anteriores. El bajo crecimiento mundial, la persistencia del proteccionismo comercial de Estados Unidos, la volatilidad en los precios de los commodities y un contexto de tensiones geopolíticas están redefiniendo las reglas del juego. A esto se suma la expectativa —a veces sobredimensionada— sobre el impacto inmediato de la inteligencia artificial, que genera oportunidades, pero también decisiones apresuradas y riesgos estratégicos.
El crecimiento regional se moverá en un rango cercano al 2–2,5 %, claramente insuficiente para absorber demandas sociales, sostener inversión privada y compensar los costos estructurales de la región. Este escenario presiona las ventas y la rentabilidad de las empresas medianas, especialmente en manufactura, logística y servicios intensivos en costos. Las grandes empresas, por su parte, enfrentan mayor presión fiscal, niveles elevados de deuda y ajustes en proyecciones de crecimiento derivados de la desaceleración global.
El proteccionismo y la fragmentación del comercio internacional impactan directamente en las cadenas de suministro. Los aranceles, las restricciones comerciales y los riesgos en rutas marítimas elevan los costos logísticos entre 20 % y 30 % en varios corredores, afectando la competitividad exportadora, en especial en el Cono Sur. Sectores como energía, minería y agroindustria sienten con fuerza la volatilidad de precios y los cambios en la demanda global.
En el plano financiero, el alto costo del financiamiento y la menor disponibilidad de inversión extranjera limitan la expansión de empresas medianas. Las grandes compañías, ante este escenario, priorizan eficiencia operativa, control de costos y foco en rentabilidad antes que crecimiento agresivo. La estrategia defensiva se impone sobre la expansión.
Sin embargo, no todo es contracción. El nearshoring abre oportunidades concretas para México y Centroamérica, al reconfigurar cadenas productivas más cercanas a Estados Unidos. Aprovechar esta ventana exige mejoras logísticas, talento técnico, estabilidad regulatoria y capacidades digitales.
De cara a 2026, las organizaciones que mejor atraviesen el contexto serán las que combinen eficiencia operativa, comercialización estratégica, gestión de clientes, adopción pragmática de IA, innovación digital y liderazgo, construyendo culturas más ágiles con foco en el cliente para navegar la incertidumbre.